No solo eso. La nueva
consola también prescinde del diseño en forma de concha plegable que ha
sido la tónica general de las portátiles de la compañía de Kioto desde
que comenzó la exitosa gama DS. Ahora se trata de una sola pieza con
forma de cuña -más fina en la parte inferior que en la superior- que
mantiene la tradicional doble pantalla, una de ellas táctil.
¿Por
qué Nintendo lanza ahora una portátil que parece salirse de su apuesta
de los últimos años por el 3D? La respuesta parece estar en el precio.
Con estos cambios, el nuevo modelo se vende desde el pasado 12 de
octubre por alrededor de 129 euros, frente a los 169 euros de 3DS o los 199 de 3DS XL, la versión con pantallas más grandes de la familia.
Asimismo,
el hecho de que se prescinda del efecto 3D se puede entender como el
propio reconocimiento por parte de Nintendo de que esta función no ha
terminado por ser determinante en los juegos del sistema y ha quedado
finalmente más como una herramienta estética y prescindible.
El
nuevo precio puede llevar a la compañía a incrementar la base de
usuarios entre aquellos que todavía no se habían decidido por la consola
y deseen jugar a los títulos exclusivos de la empresa de Kioto,
como Animal Crossing, los diferentes Super Mario o Pokémon. Además, el
dispositivo parece también estar enfocado al público infantil, ya que,
de hecho, los niños menores de seis años no podían hacer uso del efecto
3D porque no es aconsejable para la salud.
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